Es un día en el que tenemos la oportunidad de reducir el ritmo, recuperar energía y seguir escuchando lo que sucede en nuestra mente y corazón.
¿Sabes ese domingo en el que incluso el día descansa bajo las sábanas, esquivando los intervalos helados entre el otoño y el invierno, y estás seguro (¿o es la impresión?) de que los problemas han desaparecido? En las mañanas que comienzan al mediodía, el cuerpo se despierta con esa sensación de juventud renovada y los ojos hinchados de serenidad. ¿Qué será esto? ¿Escapar? ¿Descansar? ¿Es bueno? ¿Es malo?
Los estudios demuestran que los períodos de desaceleración y ocio son esenciales para la salud física y mental. Ayudan a reducir los niveles de estrés y restaurar la energía, promoviendo un necesario equilibrio entre la vida profesional y personal. El cerebro también necesita momentos de pausa para procesar información, consolidar recuerdos y fomentar la creatividad. Por tanto, el descanso dominical es más que un escape: es una necesidad biológica.
Domingo de descanso
El origen del concepto de día semanal de ocio en la cultura occidental parece remontarse al Shabat (o Sabbath), el sábado judío, en el que se permite el descanso y el culto desde los tiempos bíblicos. Porque, según esta tradición, Dios descansó el séptimo día después de la creación del mundo. El cristianismo reinterpretó y adaptó la práctica.
En los primeros siglos después de Jesús, los cristianos comenzaron a observar el domingo como un hito sagrado, principalmente en honor a la resurrección de Cristo, que, según el Nuevo Testamento, ocurrió en domingo. Este día llegó a ser conocido como el “Día del Señor” (república dominicanaen latín), que en algún momento se convirtió en “domingo” en portugués y otras lenguas latinas.
Un descanso del caos
A lo largo de los siglos, la observancia del domingo como día libre y de culto se afianzó en muchas sociedades occidentales, influyendo en la estructura de la semana laboral y los calendarios sociales. Debido a las luchas laborales, esta pausa reunió tres instancias: el valor de descansarde lo sagrado y del derecho de todo trabajador.
El corazón, en cambio, quizás responda de una manera más poética. Los momentos de tranquilidad nos permiten escuchar nuestros propios pensamientos y sentimientos sin la interferencia del caos cotidiano. es un momento para conocimientovalorar las pequeñas cosas del día a día y experimentar una paz que, en medio del ajetreo de la semana, puede parecer inalcanzable. En el fondo, tanto la ciencia como el corazón coinciden en que necesitamos estos descansos para mantenernos íntegros e incluso jóvenes.
Por Kaká Werá – Revista Vida Simples
Es ecologista del ser y cultivador del arte de equilibrar la naturaleza humana.






